DEFINICIÓN DE LA PALABRA PENDEJO.
Según el diccionario de la Real Academia Española, "PENDEJO" se le dice al pelo que nace en el pubis y las ingles, pero esta acepción está totalmente en desuso. ¿Quién de nosotros ha escuchado alguna vez alguien decir que se rasuró sus pendejos púbicos?

Sin embargo, en lugares como México, un pendejo se define como hombre tonto, bobo, estúpido o idiota; en Cuba y en Costa Rica, a un cobarde se le dice pendejo; en Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile, un pendejo es un niño pequeño, un púber necio o travieso. En España, un pendejo tiene más o menos el mismo significado que en México; sin embargo, calificar de pendeja a una mujer es decirle golfa; es compararla con una cualquiera; es insultarla. En Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Panamá, así como en Puerto Rico, Venezuela y Colombia, un pendejo también tiene en mayor o menor grado, los mismos atributos y significados que en México. En Brasil, la palabra pendejo existe y se pronuncia casi igual; también hay un término muy similar que es "pentelho", pero ellos, al pendejo, comúnmente, le dicen "chato".
En México, la palabra pendejo tiene la peculiaridad de contener en sí misma una ambivalencia, que aunque no debemos considerarla como única, sí podemos, con certeza, aseverar que es bastante particular, ya que solamente en física o en química podemos utilizarla cuando nos referimos a esta función o característica la ambivalencia o bipolaridad, y la palabra pendejo es, sin lugar a dudas, bipolar, ya que está plenamente probado que siempre vas a caer para uno u otro de dos extremos de su significado, ya que si no te haces… ¡te hacen!
En los Estados Unidos de Norteamérica, el mayor porcentaje de inmigrados de habla hispana es de origen mexicano, por lo que el significado de pendejo en esa nación es el mismo que en México; sin embargo, en la inmensa mayoría de los países iberoamericanos, esta palabra ha ido incrementando su significado y cobertura para incluir no sólo a éstos, sino que ahora abarca e incorpora a todos aquellos cuya personalidad está adornada, en mayor o menor grado, con alguno de los siguientes aspectos, manifestaciones, indicios, síntomas, síndromes, atributos o peculiaridades: egoísmo, pedatería, vanidad, vacuidad y ostentación; fatuidad y altanería; arrogancia, engreimiento; petulancia y envidia; jactancia, presunción y pusilanimidad…

